A la entrada del taller de reparación, Salomé encontró una fila y una cartelera con turnos disponibles para la semana siguiente. Venía a escribir una crónica para el periódico del colegio. En su primera nota apuntó «el taller ya no alcanza», pero no la publicó: la fila podía mostrar una dificultad sin explicar su duración ni quiénes la habían vivido. Adentro, Omar reparaba una rueda mientras otra persona esperaba un repuesto. Explicó que había recibido más solicitudes y que algunos trabajos tardaban porque las piezas llegaban en otra fecha. Salomé pensó en un titular sobre demanda. Luego habló con Celia, que había vuelto a recoger una bicicleta lista. Celia llevaba poco tiempo en la fila, pero la reparación había tomado varios días. Tiempo de espera allí y duración del trabajo no eran la misma medida. El encargado mostró un registro de reparaciones terminadas y otro de solicitudes. No servían para contar clientes distintos: alguien podía dejar dos bicicletas o regresar varias veces. Tampoco permitían atribuir cada demora a los repuestos, pues no se había anotado la razón en todos los casos. Salomé conservó las cifras con sus unidades y dejó esa explicación como observación de Omar sobre algunos trabajos. La crónica terminó con la fila y la bicicleta que Celia llevó caminando hacia la calle. El título mencionó una demanda que exigía revisar tiempos, en lugar de anunciar un servicio colapsado o una solución completa. Salomé dejó preguntas para otra visita: cuándo se acumulaba la espera y qué retrasos se debían a piezas. El relato de una tarde podía abrir una investigación; todavía no ofrecía su balance final.