Cuatro notas del periódico escolar informaron que había crecido la participación en una muestra. Sus títulos variaban: una destacó el entusiasmo; otra, la organización; las dos restantes compararon con el encuentro anterior. Un equipo decidió revisar la procedencia antes de hablar de coincidencia entre investigaciones. Descubrió que las cuatro notas usaban el mismo comunicado, que contaba accesos al recinto e incluía entradas repetidas de una persona durante el día. El comunicado sí describía más operaciones de entrada bajo su criterio de recuento. No registraba satisfacción ni personas distintas. Llamar participación al dato sin explicar la unidad permitía imaginar un aumento de asistentes que no estaba establecido. La diversidad de títulos tampoco multiplicaba la evidencia: cambiaba el foco de las notas, mientras el proceso de conteo seguía siendo uno. El equipo conservó ese origen en un esquema con las cuatro reproducciones alrededor. Después consultó una lista de personas expositoras y una entrevista a un visitante. La lista provenía de las inscripciones y no medía llegada al recinto; la entrevista relataba una experiencia favorable en una hora concreta. Eran aportes diferentes del comunicado, pero no respondían la misma pregunta. Su independencia de origen no autorizaba sumar inscritos, accesos y entrevistados como grupos de asistentes que no compartieran ninguna persona. Una persona podía estar en los tres conjuntos y una inscripción podía no convertirse en asistencia. El balance separó difusión, conteo, intención y experiencia. Para estudiar asistentes distintos propuso un registro apropiado; para discutir satisfacción, una consulta con cobertura declarada. Aún faltaba realizar ambos. Las cuatro notas podían compararse por su selección y sus valoraciones, sin contarlas como cuatro verificaciones separadas. El equipo no declaró falsa cada cifra del comunicado: explicó qué decía, qué palabras la ampliaban y qué decisiones seguían necesitando evidencia.