Un informe del colegio celebra el aumento de entradas a una sala de consulta y propone conservar su nueva franja. La cifra es pertinente para describir actividad, pero el ensayo que ahora escribimos pregunta por acceso. Pasar del primer tema al segundo exige algo más que cambiar el título: hay que saber qué personas pudieron entrar y qué condiciones impidieron hacerlo a otras. El registro cuenta entradas, incluidas visitas repetidas, y no recoge intentos fallidos. Quienes defienden la continuidad alegan que una sala más usada es una sala más accesible. Ese razonamiento supone que el uso registrado representa también las oportunidades de quienes faltaron. Una carta de Daniela cuestiona el supuesto. Su curso termina en otra sede y el trayecto consume parte de la franja. Ella no pide negar el aumento de entradas; pide examinar si el cambio distribuye oportunidades de forma diferente. Su experiencia tampoco representa por sí sola a quienes recorren otras rutas. Otra intervención sostiene que, si hubiera una barrera importante, las personas afectadas la habrían comunicado. Sin embargo, el canal de comentarios estaba dentro de la sala. Usar ausencia de mensajes como prueba de ausencia de dificultad presupone que podían acceder al lugar donde se recogían las quejas. La misma condición cuestionada participa entonces en la producción de la evidencia. Esto no permite inventar cuántas personas quedaron fuera; sí explica por qué el silencio del formulario resulta insuficiente. Proponemos mantener el dato de entradas y añadir una consulta accesible desde las sedes, distinguiendo participantes, trayectos y momentos. Después podrían compararse franjas sin atribuir cada diferencia al horario si también cambian transporte o convocatoria. La continuidad puede seguir siendo una opción; su defensa deberá reconocer a quiénes describe y qué falta evaluar. Nuestro cierre conserva el objetivo de ofrecer consulta, pero rechaza convertir un indicador de uso en una respuesta completa a la pregunta de acceso.