Documento A, registro de llegada. Durante dos semanas se anotó la hora de entrada de estudiantes que usan una ruta de transporte escolar. En la segunda semana hubo menos llegadas después del inicio de clase. El registro no incluye a quienes faltaron, ni identifica el motivo de cada retraso. Permite comparar entradas bajo ese criterio, pero no representa por sí solo la duración de cada trayecto ni la experiencia de quienes no llegaron. Documento B, acta de coordinación. Entre ambas semanas se cambió un punto de recogida. También se adelantó la hora de salida de la ruta y se ajustó el tiempo de un control en la entrada del colegio. El acta describe acuerdos, no resultados medidos de cada cambio. Una nota posterior atribuyó la reducción de retrasos al punto nuevo. Para sostener esa explicación aislada habría que distinguir efectos de las otras modificaciones y examinar si las semanas tuvieron condiciones comparables. Documento C, carta de una familia. La autora cuenta que el punto nuevo le exige caminar más y que su hija logró llegar antes después de salir más temprano de casa. Considera útil la puntualidad, pero pide revisar el esfuerzo adicional del recorrido. La carta aporta una experiencia y una reserva, no un promedio del conjunto de familias. La mejora de un indicador puede coexistir con un costo que ese mismo indicador no registra. Comentario del equipo. El expediente no obliga a elegir entre celebrar el dato o negar el cambio. Propone separar el resultado registrado, las decisiones simultáneas y las experiencias de acceso. Una consulta posterior debería incluir personas ausentes y trayectos distintos, además de conservar las franjas de observación. Hasta entonces, la explicación sobre el punto de recogida es una posibilidad por contrastar. La decisión puede revisarse sin borrar las llegadas más tempranas ni reducir la carta a resistencia de la familia.