Noticia de un colegio imaginario: esta semana se probó una banca para dejar las loncheras junto al salón de tercero. Antes, algunas loncheras quedaban en el suelo al lado de la puerta. En ese lugar, quienes entraban debían caminar entre las correas. El lunes, la banca se puso contra la pared del corredor. A la hora de salir, Samuel encontró una lonchera parecida a la suya y la llevó hasta la puerta. La abrió, vio un termo que no era suyo y la dejó de nuevo en la banca. El martes, cada familia puso una tarjeta con el nombre del estudiante dentro de su lonchera. Antes de llevársela, los estudiantes miraron las tarjetas. Samuel encontró la suya sin abrir el recipiente de la comida. La encargada del aseo observó la entrada el miércoles. La puerta se abría sin empujar loncheras y ya podía barrer ese espacio. Al fondo de la banca quedaron dos correas colgando que una profesora recogió. El viernes, tercero contó la prueba en la cartelera. Escribió que la banca facilitó el uso de la entrada, pero que todavía había que revisar cómo se acomodaban las correas. El colegio dejó la banca allí una semana más y pidió a cada grupo anotar lo que viera al pasar.