Sábado: llevé mi cometa azul al campo con mi prima Violeta y mi papá. Quería que Violeta la viera subir porque la había hecho yo. Ella llevaba papel amarillo en una bolsa, pero dejó la bolsa junto a nuestros zapatos. Al sacar mi cometa de la maleta, encontré un hueco cerca de una punta. Yo quería probarla de una vez y dije que ese hueco era pequeño. Mi papá sostuvo la cuerda mientras la cometa dio una vuelta y cayó sobre el pasto. Violeta abrió su bolsa y me ofreció un pedazo de papel amarillo. Puse la mano sobre mi cometa: el amarillo iba a verse mucho en medio del azul. Le pedí que esperara y fui a buscar en la maleta un resto del papel que había usado. En la maleta encontré la tijera de punta redonda, pero el papel azul ya se había acabado. Regresé y sostuve el pedazo amarillo mientras Violeta lo pegaba sobre el hueco. Esta vez la cometa se quedó arriba y las dos seguimos su recorrido con la vista. En casa escribí mi nombre detrás de la cometa y, al lado, el de Violeta. Guardé la tijera para hacer otra cometa en vacaciones. Cuando mi mamá vio el parche, le conté cómo lo habíamos puesto entre las dos.