En este caso ficticio, un periódico barrial prepara una página sobre el mercado del sábado. Una fotógrafa tomó una imagen a las seis de la mañana: se ven tres puestos cerrados y el suelo casi vacío. A las siete y media, la reportera llegó a conversar con vendedores y compradores. El primer vendedor le explicó que su puesto abría a las siete porque antes recogía la fruta en una bodega. Una vendedora que estaba atendiendo al lado contó que abría a las seis y media. La reportera anotó esos horarios junto a los nombres de los dos puestos. A las ocho, la fotógrafa volvió y tomó otra imagen desde el mismo lugar. En ella se veían personas comprando y dos puestos con mercancía. Un puesto permanecía cerrado porque su dueño estaba enfermo, según el aviso que dejó su familia. Para la página, el editor propuso el título «Un mercado que se está quedando sin vendedores» y eligió la foto de las seis. La reportera puso al lado sus notas de horarios y la segunda imagen. El equipo revisó el título y decidió mostrar ambas fotografías con su hora y con una explicación del puesto que no abrió. Al publicar, el equipo pidió a los vendedores que revisaran la explicación de sus horarios. El artículo contó solo esa jornada y quedó archivado con sus notas y las dos imágenes. Las imágenes permitían ver dos momentos del mismo sábado, pero no contaban por sí solas la historia completa del mercado.