Esta historia y sus personajes son inventados. En una vereda de esta ficción, Amalia pidió a su abuelo que le contara cómo se había construido un pequeño puente de madera. Lo necesitaba para un relato del colegio. Él recordó una mañana en que varias familias llevaron tablas y una lluvia que les hizo suspender el trabajo. Dijo que no recordaba la fecha. Amalia escribió que el puente había nacido en un solo día. La frase le gustaba porque hacía rápida la historia. Su abuelo la leyó y le señaló la suspensión: habían vuelto después, aunque él no podía decir cuántos días tardaron. Amalia cambió la frase por «El trabajo continuó cuando pudieron regresar». Una tía contó otra versión. Recordaba las comidas que se llevaban a quienes trabajaban, pero no había visto colocar las primeras tablas. Amalia quiso unir las dos voces en una narración sin indicar quién recordaba cada cosa. Al releerla, ya no se podía saber de dónde salía la lluvia ni de dónde salían las comidas. Para la entrega final, separó los recuerdos atribuidos y añadió un cuento propio: un puente que aprendía a escuchar los pasos. Antes del cuento explicó que esa parte era creación suya. No lo llamó leyenda tradicional de la vereda. El abuelo celebró la imagen, pero no la convirtió en recuerdo. Amalia comprendió que podía conservar las voces escuchadas y crear a partir de ellas, siempre que no cambiara la procedencia de cada parte.