El grupo de teatro de séptimo preparaba una escena escrita por sus integrantes. En el relato inicial, una estudiante llegaba a un salón vacío, encontraba una carta y dudaba antes de abrirla. El narrador contaba que la carta era de su hermano. En la adaptación, el grupo quiso reservar ese dato para el final. Laura, que representaba a la estudiante, leyó la escena en silencio y preguntó cómo mostraría la duda. El relato la explicaba, pero el guion solo decía «entra y recoge la carta». Mateo propuso que Laura mirara la puerta antes de romper el sobre. No quería que esa mirada significara miedo a una persona concreta: el guion todavía no decía quién podía entrar. En el ensayo, otro integrante golpeó la puerta por error. Laura se detuvo y guardó la carta en el bolsillo. Algunos compañeros entendieron que ocultaba un mensaje prohibido. Esa interpretación no estaba en la historia ni en el guion. El grupo decidió quitar el golpe y añadir una acotación: «Mira la puerta, respira y abre el sobre despacio». Después compararon ambos textos. El relato daba acceso a una explicación del narrador; la escena buscaba expresarla mediante acciones. Al final, Laura leía en voz alta la firma del hermano. La carta no había cambiado de autor: se había cambiado el momento en que el público conocía ese dato. El grupo anotó las decisiones de adaptación, incluido el golpe retirado. Un recurso del ensayo podía alterar la interpretación aunque nadie cambiara una palabra del diálogo.