La comisión estudiantil tenía que recomendar cómo usar la cancha durante el descanso. Paula llevó un dibujo con dos zonas: una para jugar y otra para sentarse. Camilo mostró una lista de estudiantes que querían entrenar fútbol. La reunión no podía ampliar el patio ni alargar el descanso; debía elegir una propuesta para probar durante una semana y explicar con qué criterio la revisaría. —La línea del dibujo parece suficiente —dijo Paula—. En mi salón algunos no salen porque creen que un balón puede golpearlos. Si marcamos un espacio, podrán conversar aquí. —El entrenamiento necesita el ancho de la cancha —contestó Camilo—. En una franja estrecha no podemos ensayar los pases del partido. La lista no dice que queramos echar a nadie; dice que necesitamos jugar juntos. Paula recordó que el martes había visto conversar a un grupo junto al arco, sin que nadie lo interrumpiera. Camilo respondió que ese día los jugadores estaban en una actividad dentro del salón. Para él, la tranquilidad del martes no mostraba cómo funcionaría la división cuando hubiera juego. Paula guardó el dibujo, pero no retiró la necesidad de un lugar para sentarse. Nicolás propuso alternar días de entrenamiento y días de conversación. Paula preguntó por quienes solo podían salir el jueves porque otro día tenían apoyo de matemáticas. Camilo añadió que dos compañeros viajaban a casa temprano los viernes. Una rotación podía distribuir días por igual sin ofrecer a cada persona la misma oportunidad de usar la cancha. Tampoco tenían una lista completa de esas restricciones. Decidieron probar turnos dentro de cada descanso, con un tiempo para cada uso. Camilo advirtió que un entrenamiento más corto no serviría para preparar un partido entero; aun así, permitiría ensayar una jugada. Paula aceptó que conversar unos minutos era distinto de disponer del patio durante todo el recreo. La comisión registraría quién lograba participar y qué actividades quedaban interrumpidas, además de observar si se respetaban los turnos. Al terminar la semana, los turnos se habían cumplido. El registro mostraba, sin embargo, que quienes llegaban al patio después de recoger la merienda perdían casi todo el primer turno. Antes de repetir el horario, Camilo preguntó quiénes estaban en ese grupo. Paula volvió a sacar su dibujo y, esta vez, dejó el centro en blanco para anotar las respuestas.