Para el encuentro de teatro del barrio, el grupo de octavo recibió un telón cosido con retazos. En el centro había una casa azul; alrededor, telas con flores, líneas y pequeñas manchas. Lucía quiso ponerlo detrás de una escena que ocurría en un palacio. Le parecían colores alegres que podían servir para cualquier historia. Su compañero Andrés prefería esconder las costuras bajo una luz tenue. Durante el montaje llegó Dora, una de las vecinas que lo habían hecho. No había elegido las telas para representar un palacio. Un retazo venía de la cortina de su primera casa en el barrio; otro, del delantal de una amiga que ya se había mudado. La casa azul no copiaba una vivienda concreta: varias mujeres habían dibujado sus puertas y habían terminado juntándolas en una sola fachada. Dora no pidió conservar el telón intacto en una vitrina. Les permitió usarlo y añadir una pieza, con la condición de explicar qué habían cambiado y de mencionar a quienes participaron. Andrés llevó una tela de su antiguo uniforme. Lucía propuso bordar una ventana abierta donde el personaje de la escena pudiera buscar a alguien. El grupo discutió si aquella ventana cambiaba el sentido de la casa o abría una historia que ya podía caber allí. En el ensayo, el actor que hacía de rey habló delante de la casa. La escena hizo reír, pero al grupo le costaba relacionar sus palabras con los retazos. Cambiaron la situación: el personaje sería alguien que regresaba al barrio y encontraba una puerta distinta. No copiaron las anécdotas de Dora. Cada estudiante aportó un recuerdo y escogieron una escena inventada, con una vecina que no reconocía al recién llegado hasta oír su manera de llamar. Antes de la función, presentaron los nombres de las creadoras y contaron cuál era la pieza nueva. Algunas familias reconocieron telas; otras miraron la casa sin identificar ninguna. El grupo no explicó que los colores significaban lo mismo para cada espectador. La ventana de Lucía se veía abierta cuando encendieron la luz. Después, Andrés encontró que una costura se había soltado cerca de su uniforme. Fue a buscar hilo del mismo color. Dora le ofreció uno amarillo. La reparación quedaría visible, pero la tela podría volver a usarse. Andrés sostuvo los bordes mientras ella daba las primeras puntadas.