El equipo que prepara un programa escrito sobre oficios del barrio recibirá testimonios para elaborar después un guion sonoro. Este protocolo se ensayará en el colegio antes de salir a entrevistar. No sirve para certificar la historia completa de un oficio. Su finalidad es conservar quién cuenta cada experiencia y permitir que las personas reconozcan el uso que se hará de sus palabras. Antes de registrar una conversación, expliquen para qué será el guion, quién podrá escucharlo y si el nombre de quien habla aparecerá. Acuerden qué puede grabarse. Si la persona permite contar una experiencia sin identificarla, el equipo guardará por separado los datos de contacto y no los incorporará al guion público. Un permiso para conversar en el salón no se extiende por sí mismo a publicar la voz. Durante la entrevista, distingan una experiencia vivida de una historia recibida de otra persona. Pueden recoger ambas, pero anoten su relación con quien las cuenta. Si alguien dice que aprendió a reparar radios con su tía y que ella aprendió de un vecino, no presenten las tres etapas como recuerdos presenciados por ese entrevistado. Una voz puede conservar una tradición sin haber observado cada episodio que transmite. Al redactar, elijan fragmentos que respondan a la pregunta del programa y conserven las condiciones que modifican su sentido. Por ejemplo, «no consigo repuestos esta semana» no equivale a «ya no hay repuestos para este oficio». Si acortan una intervención, comprueben que las frases reunidas sigan defendiendo la idea de quien habló. Registrar una pausa no obliga a interpretarla como duda: puede haber ruido, cansancio o una búsqueda de palabras. Devuelvan la versión propuesta a cada participante en una forma que pueda revisar. Si descubre que una frase separada del relato cambia su sentido, ajusten la selección. Si dos personas recuerdan de manera distinta una misma escena, atribuyan las versiones y busquen qué dato adicional permitiría contrastarlas. No basta hacer escuchar una a la otra para obtener una confirmación independiente: la segunda persona podría limitarse a repetir lo oído. En el ensayo escolar, Luisa permitió grabar una anécdota de su abuela para escucharla en el salón. El grupo preparó después un guion para una muestra abierta y retiró su apellido. Luisa recordó que ese no había sido el uso acordado. Además, había contado una experiencia recibida, pero el guion la presentaba como testigo. La docente detuvo la difusión: antes de continuar debían revisar tanto el permiso como la atribución, no solo el nombre visible.