(Un pequeño teatro de barrio, la tarde anterior a su cierre. En el escenario hay una mesa; detrás, un reloj detenido a las seis. Vera dobla un programa antiguo mientras Simón revisa una caja de herramientas. La taquilla conserva un cartel de entradas agotadas que nadie ha retirado.) VERA: Si abrimos la puerta, vendrá alguien a pedir una entrada. SIMÓN: Hay un candado nuevo esperando fuera. VERA: El cartel tiene la fecha de hace doce años, pero desde la calle no se ve. (Simón deja el destornillador y se acerca a la puerta; Vera coloca el programa bajo la mesa.) SIMÓN: Voy a quitar el cartel antes de que se lleven el cristal. VERA: Déjalo mientras recogemos; todavía sirve para que no pregunten. SIMÓN: ¿Por la función o por nosotros? (Vera comprueba que la puerta siga cerrada. Al fondo se oye una carretilla, pero nadie entra.) VERA: Mi padre retrasaba este reloj cuando el público pedía otro saludo. SIMÓN: A mí me mandaba a abrir la puerta para que dejaran de aplaudir. VERA: Nunca me lo contó. SIMÓN: A ti te gustaba saludar; yo quería llegar al último autobús. (Vera mira el reloj y sonríe sin levantar el programa.) (Golpean el cristal. Una mujer enseña un guante y señala el escenario, preguntando con un gesto si lo perdió allí. Simón abre la puerta un palmo, recoge el guante y consulta a Vera. Ella saca de debajo de la mesa un cajón lleno de prendas, encuentra otro guante igual y entrega los dos; la mujer se marcha sin mirar el cartel.) VERA: Eso no venía en el programa. SIMÓN: ¿Guardamos el reloj? VERA: Espera, voy a buscarle las agujas que faltan. (Simón retira el cartel y lo pone de canto en la caja, donde aún puede leerse la fecha. Vera abre un cajón; por la puerta entreabierta entra la luz de la calle.)