Estimada comisión de la biblioteca: os escribo para pedir que el club de lectura pueda reunirse los jueves después de clase. El mes pasado intentamos comentar un cuento en el patio. Había sitio, pero el ruido del entrenamiento nos obligaba a repetir las intervenciones. Dos compañeros dejaron de hablar; al volver al aula tenían anotadas varias ideas que no habían conseguido compartir. No pedimos ocupar toda la biblioteca. Nos bastaría la mesa del fondo durante media hora, mientras el préstamo continuara en el mostrador. Sabemos que algunos jueves se organizan allí actividades para niños pequeños. En esas fechas aceptaríamos cambiar de día, siempre que lo supiéramos antes para avisar al grupo. La primera versión de esta carta terminaba diciendo que el club necesita tranquilidad. Mi hermano, que suele hacer los deberes en esa mesa, me preguntó si nosotros íbamos a quedarnos callados. Tenía razón: leer juntos también produce conversaciones. Por eso propongo hablar en voz baja y dejar libres las demás mesas, en vez de prometer un silencio que no vamos a mantener. Además de pedir la sala, me gustaría que esta carta la leyera nuestro grupo. Cuando comentamos el cuento en el patio, yo fui quien habló más alto y apenas pregunté a los dos compañeros que no intervenían. La nueva sala puede ayudarnos a escucharnos, pero tendremos que cambiar también nuestra forma de repartir la palabra. Un saludo, Elisa, en nombre del club.