En el bolsillo derecho guardo el billete de ida: la estación se vuelve pequeña y la tarde se estira. Mi madre señala un monte; yo miro la ventanilla. Entre los dos va un silencio que no estaba en la cocina. En el bolsillo izquierdo llevo una llave sin puerta. La puerta está en otra calle, la calle en otra ciudad. Aprieto sus dientes fríos cuando alguien nombra la vuelta. No digo que tenga miedo; pregunto cuánto queda. Al bajar, mi madre carga la maleta más pesada. Yo llevo el mapa doblado y busco la calle marcada. Ella pregunta el camino; yo sujeto bien la llave. La casa que estamos buscando no es la que la llave abre. En un bolsillo, el viaje; en el otro, lo que dejo. Camino entre ambos pesos sin saber cuál pesa menos. Mi madre me ofrece la mano y cambia la bolsa de brazo. Le doy el mapa un momento, pero la llave me la guardo.