El grupo del huerto colocó un recipiente junto al edificio y otro en una zona despejada para registrar el agua que quedaba dentro después de cada lluvia. Los dos tenían la misma abertura. Al vaciarlos tras la primera tormenta, el recipiente junto al edificio contenía más agua. El periódico escolar preparó este titular: «Llueve más al lado de las aulas». Antes de publicarlo, Irene revisó el lugar de cada recipiente. El situado junto al edificio estaba debajo del extremo de un canalón. Durante la siguiente lluvia vio caer allí agua procedente del tejado. La cantidad recogida no dependía solo de lo que caía directamente sobre la abertura. El recipiente de la zona despejada no recibía ese aporte. El equipo decidió mantener ambos puntos una semana, pero cambió el propósito de la observación. La zona despejada serviría para registrar la recogida directa; el otro recipiente ayudaría a comprobar si el agua del tejado podía aprovecharse en el huerto. Anotaron dónde estaba cada uno y no sumaron sus cantidades como si pertenecieran a un único medidor de lluvia. La noticia final se tituló «La lluvia y el agua que llega del tejado». Explicaba el primer error y el nuevo objetivo. Sin embargo, el grupo no anunció cuánto riego ahorraría: todavía no había medido las necesidades del huerto ni el agua que se perdería al guardarla. Irene conservó el titular descartado en el cuaderno. Le servía para recordar que un dato bien anotado puede responder mal a una pregunta mal planteada.