En la casa que dejamos la mesa mide todavía lo que medía cuando cuatro codos disputaban su orilla. El suelo tiene las marcas de una silla que cojeaba. Hoy una cinta amarilla ordena dónde poner la caja. El hombre de la visita anota: «Habitación amplia». Yo cuento los pasos cortos que daba hasta tu cama. Donde él escribe «ventana», yo veo el vaso de agua y el borde de una cortina que se movía al hablarte. No le corrijo las medidas. La pared es la que cuenta. Ni un centímetro de afecto cabe en su libreta abierta. Él pregunta por las llaves; yo busco, detrás de un libro, la nota que me dejaste para acordarme del riego. La planta viaja conmigo. Su maceta ocupa una caja que nadie ha llamado estancia ni ha medido como sala. En la puerta, el hombre espera con la cinta ya plegada. Le doy las llaves despacio. La casa cabe en su plano; lo que dejo no se acaba.