Bruno llegó al patio con su peonza nueva. Buscó a Inés en el banco donde solían jugar, pero ella estaba sentada al otro lado, junto a Mara. Bruno se quedó detrás del árbol y apretó la peonza dentro del bolsillo. Inés levantó una mano. Bruno miró hacia la puerta, como si el saludo fuera para alguien que venía detrás. Mara sostenía un zapato; el cordón se había metido por un agujero y no lograba sacarlo. Cuando Bruno se acercó, Inés le hizo sitio. Él sacó el palito que usaba para recoger su peonza y ayudó a sacar el cordón. Mara se calzó y preguntó cómo se hacía bailar aquel pequeño juguete. Bruno dibujó un círculo en el suelo. Cabían tres peonzas, aunque solo tenían una. Al terminar el recreo, dejó el palito sobre el banco: al día siguiente podría hacer falta otra vez.