La biblioteca de un colegio inventado tiene un estante de trabajos de clase. Allí hay cuentos, mapas y explicaciones hechos por alumnos. No se ordenan por el color de la portada, porque trabajos parecidos pueden tener colores distintos. Cada trabajo lleva una etiqueta con su tema y su clase. Los mapas del barrio están juntos, aunque uno sea azul y otro naranja. Quien busca un camino puede compararlos sin revisar todo el estante. Hay también una carpeta para trabajos que aún necesitan cambios. Un mapa entró allí porque dibujaba una calle que ya no se podía cruzar. Su autor dejó una nota y volvió a recorrer el barrio con una persona adulta. Al devolverlo, añadió el paso seguro y escribió la fecha de revisión. El mapa regresó al grupo de mapas. La carpeta no es un castigo: ayuda a distinguir lo que se puede consultar de lo que necesita comprobarse.