Me gusta jugar a la pelota en el recreo. Sin embargo, el martes no pude hacerlo: tenía la muñeca vendada y el médico me había pedido que no la usara para jugar. Me senté a mirar y la mañana se me hizo larga. El miércoles, Sara trajo un tablero de papel con dibujos. Movíamos fichas ligeras con la otra mano y contábamos historias sobre las casillas. Dos compañeros dejaron la pelota un rato para probarlo con nosotros. Propongo guardar algunos juegos tranquilos en una caja del patio. No hace falta quitar la pelota. Podemos tener distintas formas de pasar el recreo y elegir según nuestras ganas o lo que podamos hacer ese día. La caja necesitará cuidado: si se mojan los tableros, no podremos usarlos. Por eso sugiero guardarla dentro al terminar. Me gustaría probar la idea una semana y escuchar después a quienes jugaron y a quienes prefirieron otra actividad.