La escuela de Valmora preparó una exposición sobre sus juegos antiguos. Las familias prestaron fotografías y objetos. Cada ficha debía indicar de quién procedía el material y distinguir la fecha de la imagen de la fecha en que llegó a la escuela. Una fotografía mostraba una rayuela al lado de un pozo. Su dueña, Pilar, recordaba haber jugado allí de pequeña, pero no sabía el año exacto de la foto. En el reverso alguien había escrito 1986. La clase conservó esa fecha como dato de la inscripción, sin atribuirle a Pilar un recuerdo preciso. Junto a la foto colocaron una piedra que Pilar utilizaba para jugar. No afirmaron que fuera la piedra que aparecía en la imagen: ella la había guardado en casa, pero no podía reconocer la de la foto. La ficha explicaba ambas cosas con frases separadas. Al abrir la exposición, un visitante preguntó si el pozo seguía allí. La foto enseñaba cómo era aquel lugar cuando se tomó, no cómo era ahora. El grupo anotó la pregunta para una visita al barrio y añadió un espacio de información pendiente. La exposición también mostraba lo que todavía no se sabía.