Alicia dibujó un tren para el mural de la estación imaginaria. Había pintado ventanas diminutas y ruedas con muchos radios. Cuando llegó el momento de colgarlo, lo sostuvo cerca de su cara y pensó que era el mejor dibujo que había hecho. Sergio llevó el cartel hasta la pared del fondo. Desde la puerta, sus compañeros vieron una mancha de color y apenas distinguieron el tren. Alicia creyó que el problema era la luz. Acercó el mural a la ventana, pero desde la puerta seguían sin reconocerse las ventanas pequeñas. La maestra les pidió probar otro boceto en una hoja. Alicia agrandó la silueta del tren y dejó unas pocas ventanas. Lo miraron primero desde cerca y luego desde la entrada. Sergio reconoció el tren antes de llegar al centro del aula. Alicia guardó su primer dibujo en la carpeta, en lugar de romperlo. El mural nuevo llevaba el tren grande. Debajo, Alicia colocó una pequeña copia del dibujo antiguo para quien quisiera acercarse. Al presentar el trabajo dijo que había hecho un tren para mirar desde lejos y otro para descubrir de cerca. El dibujo detallado había encontrado su parada.