En la última fiesta del colegio hubo una mesa de meriendas y otra para contar historias. Yo ayudaba en la segunda. Al principio pensé que las historias no interesaban: veía a muchas personas delante de las bandejas y pocas junto a nosotros. Más tarde, una madre llegó con su hijo y preguntó cuándo empezábamos. El cartel anunciaba la actividad, pero no decía a qué hora. Ellos habían pasado antes, cuando no había nadie contando. Se sentaron y pronto llegaron otras familias que acababan de merendar. Para la próxima fiesta propongo publicar pequeños horarios junto a las dos mesas. Así quien quiera escuchar sabrá cuándo acercarse. Me parece mejor probar esa mejora antes de cambiar la actividad por otra. Haber visto una mesa vacía durante un rato no explica, por sí solo, por qué estaba vacía. Algunos compañeros dicen que varias familias prefieren conversar mientras comen. Puede ser, y deberíamos mantener sitio para ello. Mi propuesta no pide ocupar toda la fiesta con cuentos. Pide anunciar dos sesiones cortas y observar si llega más gente. Después podremos decidir con información más clara, incluyendo las opiniones de quienes no se acercaron.