El mercado ficticio de Pradoalto instaló un mostrador donde sus puestos podían enseñar cómo se conservaban algunos objetos de trabajo. La primera semana participaron la panadería y el puesto de plantas. Mostraron una pala vieja, una balanza y unas macetas reparadas. El boletín de la plaza tituló la noticia: Los objetos antiguos del mercado. La encargada del puesto de telas leyó el boletín y explicó que ella guardaba unas tijeras antiguas. No había visto el aviso a tiempo y no pudo llevarlas. El zapatero tampoco participó: estaba de viaje. La lista expuesta no era un inventario de todo lo conservado en el mercado, sino de lo que había llegado al mostrador aquella semana. El grupo encargado cambió el título por Primera muestra de objetos conservados. Añadió las fechas de recepción y el nombre de cada puesto participante. También abrió un nuevo plazo para recoger otras propuestas. Conservó la lista anterior como registro de esa primera semana, para no atribuir a los primeros visitantes materiales que todavía no habían podido ver. Al cierre del segundo plazo llegaron las tijeras y una horma del zapatero. Había más variedad de trabajos representados, pero aún quedaban puestos sin consultar. La ficha general indicó ese límite. Un mostrador puede enseñar ejemplos interesantes sin reunir todo lo que existe. El título y la explicación deben ayudar al visitante a saber qué parte del mercado está viendo y qué parte sigue fuera de la muestra.