El refugio ficticio de Las Peñas recibe grupos que recorren senderos con guías adultos. Guarda dos cuadernos: uno registra las reservas y otro recoge observaciones escritas al finalizar las visitas. Una reserva puede cancelarse y una visita puede terminar sin que el grupo escriba un comentario. Por eso sus páginas no representan exactamente los mismos hechos. La asociación que cuida el refugio revisó los cuadernos de septiembre. En varias notas se decía que el comienzo del camino era difícil de encontrar. Los comentarios procedían de grupos que habían llegado en autobús y entrado por el acceso norte. En el cuaderno de reservas también aparecían familias que habían pensado llegar por el sur; algunas cancelaron y otras sí completaron la visita, pero no dejaron notas. Al preparar una señal nueva, alguien propuso anunciar que el sendero estaba mal indicado desde ambas entradas. La persona encargada de revisar los cuadernos explicó que las notas señalaban una dificultad concreta en el norte. Los espacios sin comentario no permitían conocer la experiencia del sur. El grupo decidió revisar ese acceso por separado y colocar de momento una indicación adicional en el norte. Después de instalarla, los guías anotaron si los nuevos grupos encontraban el comienzo y desde qué entrada venían. El refugio conservó también los cuadernos anteriores, con sus fechas. Comparar observaciones anteriores y posteriores podía ayudar a valorar la mejora, pero había que mirar si correspondían a la misma entrada y al mismo tipo de recorrido. Una persona que llegaba acompañada por alguien del refugio podía orientarse gracias a esa ayuda, no necesariamente a la señal. El informe final distinguía lo observado, lo pendiente de revisar y la influencia posible del acompañamiento.