Mar encontró una caja de revistas en el patio de la primaria. Su grupo quería llevarlas al salón para armar un rincón de lectura. Al levantar la caja, el fondo se dobló. Mar volvió a dejarla en el suelo y llamó a Iván. No quería perder las revistas por caminar demasiado rápido. Iván llegó con una bolsa. Mar miró el cielo: unas gotas ya caían sobre el patio. La bolsa era pequeña y solo cabían unas pocas revistas. Entonces Mar señaló el tejado junto a la puerta. Entre los dos arrastraron la caja hasta allí, sin levantarla. La maestra les prestó dos cajas firmes. Mar e Iván repartieron las revistas y las llevaron al salón. Una tenía la esquina húmeda; la dejaron abierta para que se secara. El rincón aún no estaba listo, pero las revistas ya estaban a salvo. Mar guardó también la caja rota: serviría para hacer los letreros.