En una secundaria ficticia, el comité cultural propone una mesa de relatos familiares para el festival. Defiendo que cada participante pueda decidir cómo presentar su historia y revisar la versión que se compartirá. El primer plan pedía entregar una traducción al español antes de aceptar relatos en otras lenguas. Se justificó como una manera de facilitar que el público comprendiera lo presentado. Lidia cuenta que su abuela quiere participar con un relato en la lengua que usa en casa, pero no desea que lo traduzcan sin conversar con ella. Otro integrante, Samuel, prefiere escribir su historia directamente en español. Ambos quieren compartir; sus decisiones no describen lo que prefieren las demás personas de sus familias. El comité necesita responder a esas solicitudes sin asignarles una única forma de participar. Quienes apoyan el requisito de traducción señalan un problema atendible: parte del público no entenderá algunos relatos. Sin embargo, el comité dispone de una mesa de preparación donde pueden acordarse apoyos. En un ensayo, una participante eligió un resumen escrito revisado por ella; otra explicó en español el contexto antes de contar. El registro documentó esas elecciones, sin medir todavía cuánto comprendieron los oyentes. Propongo que la mesa ofrezca esas posibilidades y pregunte qué apoyo autoriza cada persona. Si alguien solicita una traducción completa y encuentra colaboración, podrá prepararla; si elige otra presentación, se comprobará con público invitado qué ayuda falta. No considero que el ensayo demuestre comprensión suficiente. Aporta opciones que permiten investigar el problema sin convertir una traducción previa en puerta de entrada. Una objeción nueva es el tiempo que exige revisar versiones. Por eso, la propuesta debe acompañarse de un calendario de preparación y de una lista de apoyos disponibles. Si no alcanza la colaboración, el comité tendrá que acordar otra fecha o formato con la persona interesada. Cambiar su relato por una versión no revisada resolvería el calendario a costa del acuerdo que se pretende establecer. La mesa será intercultural si las diferencias pueden entrar en la conversación sobre cómo compartir, no solo aparecer en el programa. El comité registrará quién autorizó cada versión y qué dudas expresaron los lectores o los oyentes de prueba. Samuel podrá presentar su escrito en español y la abuela de Lidia podrá discutir sus apoyos. El resultado será un acuerdo concreto, revisable antes del festival, no una descripción de capacidades por lengua o acento.