Cada domingo, Alma armaba un tren con piezas de cartón en casa de su primo. Ponía primero la locomotora y después los vagones que encontraba. Su primo Diego construía estaciones alrededor de la alfombra. Alma llevaba el tren de una estación a otra sin detenerse mucho. Ese domingo Diego dibujó pasajeros junto a una estación. Alma pasó de largo porque el último vagón seguía vacío. Diego señaló los dibujos y le preguntó cómo iban a subir si el tren no paraba. Alma miró los asientos que había dibujado dentro del vagón. Volvió a la estación y colocó el tren frente a los pasajeros. Diego recortó sus figuras con ayuda de su mamá y las sentó en el vagón. En la siguiente estación, Alma esperó mientras su primo preparaba otros pasajeros. El recorrido tardó más que los domingos anteriores. Antes de guardar, Diego puso una figura de cartón junto a la locomotora. Era Alma como conductora, con una mano levantada para saludar. Ella se rio y preguntó qué estación abrirían la semana siguiente. Guardaron el último vagón con los pasajeros todavía sentados.