En una primaria imaginaria, el consejo escolar aprobó abrir la cancha durante el recreo del viernes para una jornada de juegos. Hasta entonces, se usaba en ese horario para ensayar una presentación. El acuerdo indicaba que habría dos zonas: una para juegos con pelota y otra para juegos tranquilos. La presentación ya había terminado. El periódico del grupo publicó una nota titulada «La cancha vuelve a los juegos». Contó el acuerdo y explicó que cada grupo llevaría su material. Citó a la directora: la jornada serviría para probar cómo se compartía el espacio. La radio escolar eligió otro título: «El viernes habrá más lugares para jugar». Su nota destacó la zona tranquila y entrevistó a una alumna que prefería dibujar durante el recreo. Ambas notas se escribieron antes del viernes. Ninguna describía resultados de la jornada. En un cartel, alguien resumió la radio así: «La escuela quitará los juegos con pelota». El equipo de radio pidió corregirlo: anunciar una zona tranquila no eliminaba la otra. También aclaró que la propuesta se probaría un día; el acuerdo no fijaba todavía el uso de la cancha para todos los viernes. Los títulos miraban aspectos distintos del mismo anuncio.