Un taller ficticio fabrica títeres por encargo para distintos grupos. Cada pedido incluye el personaje, el tamaño y el día en que se necesita. La encargada anota esas indicaciones en una hoja que acompaña el trabajo. Dos pedidos pueden tener el mismo personaje y corresponder a tamaños distintos. En una ocasión llegaron encargos de un zorro grande y de un zorro pequeño. Los dos se necesitaban para el jueves. El taller terminó primero las cabezas y las puso en una mesa común. Al preparar los cuerpos, no supieron con certeza qué cabeza correspondía a cada hoja. Para los nuevos pedidos, sujetaron desde el comienzo la hoja a la base de cada títere. Si una parte se separaba de la base, colocaban junto a ella una copia de la misma hoja. Las tijeras y telas seguían guardadas en el estante habitual. Al reunir las piezas de otro encargo de zorros, leyeron la indicación de tamaño en sus hojas y pudieron distinguirlas. El taller no eliminó la revisión final. Antes de avisar a cada grupo, comprobaba que personaje y tamaño coincidieran con su pedido. También revisaba el día solicitado para organizar la entrega. En otro pedido, una hoja decía pequeño, pero al compararla con el encargo recibido detectaron que este pedía un títere grande.