En una colonia imaginaria, un cine anunció una función de una película con subtítulos. El aviso explicaba que la proyección sería el sábado por la tarde en la sala pequeña. Las entradas se reservarían por teléfono hasta el viernes. El mismo cine mantenía sus otras funciones habituales en la sala grande. El boletín vecinal publicó la noticia y destacó la reserva telefónica. Entrevistó a una vecina que prefería asegurar su lugar antes de salir de casa. La revista juvenil puso el foco en los subtítulos y recordó que podía leerlos quien necesitara ese apoyo. Ambos medios indicaron la misma sala y el mismo sábado. Después de la función, el registro del cine señaló que llegaron menos personas que lugares reservados. Algunas familias cancelaron por teléfono esa mañana y otras no avisaron. El registro no preguntó por qué habían faltado. La revista conversó con dos asistentes, que dijeron que habían leído bien los subtítulos. Un borrador del boletín relacionó las ausencias con la dificultad de leer en pantalla. La redactora lo retiró al contrastarlo con el registro y la entrevista. Publicó las ausencias como un dato sin causa conocida y atribuyó los comentarios a los dos asistentes. La próxima noticia preguntaría por las experiencias de más visitantes, sin convertirlas todavía en la opinión de quienes no fueron.