Un centro cultural ficticio prestaba juegos en un mostrador junto a su entrada. Durante una semana, una trabajadora anotó las consultas recibidas allí. Varias personas que llegaban por la puerta trasera preguntaron dónde se prestaban los juegos. Quienes entraban por la puerta principal encontraban el mostrador a la vista. El equipo propuso llevar algunos juegos a un puesto móvil en el patio durante dos tardes. Para decidir, revisó que el patio estuviera disponible y pidió permiso al centro. Una integrante advirtió que trasladar todos los juegos dejaría sin atención a quienes acudían al mostrador habitual. Se acordó mantener el mostrador y probar el puesto con una parte del material. En esas dos tardes, el registro del puesto reunió consultas de visitantes que llegaron por la puerta trasera. El mostrador de la entrada siguió atendiendo otras consultas. No se anotó si las personas del puesto ya conocían el servicio de préstamo antes de verlo allí. Tampoco se compararon tiempos de espera entre los dos lugares. El informe propuso repetir la prueba con una pregunta sobre cómo se enteraba cada visitante del préstamo. Consideró que el puesto había recibido consultas del grupo que motivó la propuesta. Una frase que lo llamaba la causa de que nuevas personas conocieran el servicio se dejó pendiente. Para decidir si conviene mantener los dos lugares, el centro también necesita considerar el personal y el material disponibles en las próximas semanas.