El equipo debía presentar en cuatro minutos una propuesta de intercambio de libros. Tenía seis diapositivas: tres contaban antecedentes, dos mostraban imágenes y una llevaba el título «Ya comenzamos». El proyecto aún dependía de conseguir un espacio y una persona que registrara devoluciones. Nadie había autorizado el comienzo. Durante el primer ensayo, los antecedentes ocuparon casi todo el tiempo. La condición del espacio se dijo al final, cuando el público ya había entendido que el servicio funcionaba. La estudiante que escuchó pudo repetir el nombre del proyecto, pero no explicó qué faltaba para abrirlo. El equipo comprobó que reconocer el título no equivalía a comprender la propuesta. La revisión comenzó por el contenido. Cambiaron el título para señalar el estado pendiente y seleccionaron una razón de la propuesta, sus condiciones y el paso siguiente. Después distribuyeron las intervenciones: una persona explicaría la necesidad, otra la organización prevista y otra las comprobaciones pendientes. Un esquema sustituyó dos imágenes que no aportaban información al caso. En el segundo ensayo, otra compañera pudo distinguir lo propuesto de lo confirmado. También señaló que no entendía cómo se registrarían las devoluciones. El equipo añadió una explicación breve de ese procedimiento previsto, sin presentarlo como ya ejecutado. Guardó guion y recursos, pero en su informe solo declaró verificados los dos ensayos y las respuestas observadas. La presentación ante el grupo completo todavía no había ocurrido.