El comité de una asesoría ficticia comparó los registros de dos semanas. En la primera recibió doce solicitudes; en la segunda, dieciocho. Durante la segunda semana abrió un formulario nuevo y envió recordatorios a los grupos. También atendió un día más. Los totales estaban bien contados, pero las condiciones no eran iguales. El borrador del informe decía: «El formulario más claro causó el aumento». La claridad no se había evaluado con lectores y el equipo no había separado el efecto de los recordatorios ni el del día adicional. La afirmación elegía una explicación posible y la presentaba como comprobada. Corregir la resta entre los totales no bastaba para corregir ese salto. El equipo conservó el resultado observado: en la segunda semana se recibieron más solicitudes. Añadió las tres condiciones que cambiaron y retiró la atribución exclusiva al formulario. Para estudiar la claridad, propuso pedir a estudiantes que explicaran qué datos se les solicitaban en cada versión. Para analizar acceso, anotaría cuántos días y horas estuvo disponible el servicio. La difusión se registraría aparte. No podían regresar al pasado para aislar lo sucedido en aquellas semanas. Sí podían describirlo de forma más fiel y planear una consulta mejor. El cierre del informe reconoció esa diferencia: los datos iniciales mostraban un aumento durante varios cambios simultáneos; la contribución de cada cambio seguía abierta. El registro servía para formular preguntas, sin convertirse en prueba de una causa única.