Diego encontró un sobre junto al tablero del salón. No tenía firma; dentro había una hoja con la propuesta de abrir un intercambio de apuntes. El papel terminaba con una frase: «Podemos empezar cuando esté listo el espacio». Diego recordó que su amiga Celia había comentado una idea parecida y guardó el sobre para mostrárselo. Al salir, vio a Celia cerca de la papelería y le preguntó por la propuesta. Ella conocía el proyecto, pero no reconoció la hoja. Dijo que otras personas también habían participado en las conversaciones. Diego pensó que estaba evitando admitir su autoría. No había encontrado una pista distinta de la semejanza entre las ideas. Celia propuso preguntar al equipo antes de colocar un aviso. En la siguiente reunión, Omar explicó que había reunido las sugerencias en una hoja, pero aún faltaba que el grupo revisara los requisitos. La última frase hablaba de un espacio pendiente, no de una apertura confirmada. Al copiar el texto, Diego había escrito «El intercambio comienza esta semana». Nadie había acordado esa fecha. El equipo decidió identificar la hoja como borrador colectivo y conservar el requisito del espacio. Diego retiró la fecha de su aviso. Celia no le pidió borrar la semejanza entre su idea y la propuesta; le pidió no convertirla en una prueba de autoría. El sobre seguía sin firma, pero el registro de la reunión ya permitía explicar de dónde venían las ideas y qué faltaba para realizarlas.