Desde la entrada, la sala del archivo parece amplia. Dos mesas ocupan el lado izquierdo y un corredor conduce a los estantes del fondo. El piso claro refleja la luz de una ventana alta. Esa fue la descripción que Tomás preparó para el equipo encargado de trasladar varias cajas. El texto permitía imaginar el lugar, pero no decidir si el traslado era posible. Las cajas debían pasar por una puerta interior. Tomás la había descrito como «estrecha y antigua», sin anotar sus medidas ni las de los objetos. Una compañera preguntó desde dónde se había observado el corredor: al entrar, las mesas quedaban a la izquierda; al salir, quedaban al otro lado. El borrador mezclaba ambas referencias sin anunciar el cambio. Para revisarlo, el equipo acordó mantener la entrada como punto de observación. No cambió de lugar los muebles: cambió la forma de describir su ubicación. Después midió el espacio libre de la puerta y las cajas, e indicó la orientación necesaria para pasarlas. También anotó que el corredor debía quedar despejado. Esos datos eran pertinentes para el traslado, aunque resultaban menos evocadores que la luz sobre el piso. La descripción anterior no era inútil. Tomás la guardó como impresión personal del recinto. La versión para el equipo conservó algunos rasgos visibles, pero priorizó medidas, referencias y condiciones. Un mismo lugar podía describirse de maneras distintas porque los lectores necesitaban hacer cosas diferentes con el texto.