El equipo recibió un borrador sobre el préstamo de materiales. Sofía marcó con azul «Las solicitudes del taller está incompleto». Mateo señaló con verde una cifra que no tenía fuente. Irene rodeó con naranja un título que le parecía demasiado largo. Al reunir los comentarios, alguien escribió: «Tres faltas de ortografía». La tutora pidió que explicaran sus marcas. El primer problema era de concordancia: solicitudes requería están incompletas, sin cambiar la cantidad de talleres. La cifra podía estar bien escrita y ser incorrecta o no verificable. El título, por su parte, no tenía un defecto demostrado; Irene debía explicar si dificultaba comprender el propósito o si solo prefería uno más breve. Los colores no constituían todavía criterios. Al revisar el contenido, encontraron otra frase: «El servicio abrirá cuando haya espacio». Un integrante la redujo a «El servicio abrirá». Defendió el cambio porque la nueva versión ocupaba menos lugar. El equipo comparó ambas con la fuente y devolvió la condición. No votó qué estado del trámite prefería: comprobó qué información debía conservar. Guardaron una tabla con la frase original, la revisión y el motivo. La cifra quedó marcada como pendiente hasta localizar su registro. La concordancia se corrigió y la elección del título se discutió como una decisión editorial. En el cierre, el equipo escribió qué había comprobado y qué faltaba. Tener un borrador más limpio no equivalía a haber verificado cada dato.