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Lectura y escritura

Releer un problema de palabras como si fuera un texto

Para estudiantes · Guía práctica · 1694 palabras

Punto de partida

Detectar a los personajes y su misión principal

Seguramente te ha pasado más de una vez. Abres el cuaderno de matemáticas, te encuentras con un texto corto que cuenta la historia de un tren que sale de una estación, o de un frutero que reparte manzanas, y de repente notas una pequeña nube de confusión en tu cabeza. Miras los números, intentas adivinar si tienes que sumar, restar, multiplicar o dividir, y te quedas con el lápiz suspendido en el aire sin saber por dónde empezar a rascar el papel.

La trampa habitual consiste en creer que los problemas de palabras son ejercicios de cálculo rápido donde lo único importante son las cifras. Sin embargo, en realidad son pequeños relatos de misterio en los que el enigma no es quién cometió el delito, sino qué nos está pidiendo exactamente el autor que calculemos. Si cambias el chip y te pones las gafas de lector antes de tocar la calculadora, comprobarás que entender la historia es la mitad del camino recorrido.

Detectar a los personajes y su misión principal

Cuando leemos un cuento o una novela corta, lo primero que hacemos es averiguar quiénes son los protagonistas y qué intentan conseguir a lo largo de las páginas. En los problemas de palabras ocurre exactamente lo mismo, aunque muchas veces pasamos por alto este paso porque tenemos prisa por llegar a las cuentas. Los personajes pueden ser personas reales, animales, objetos o incluso vehículos que se desplazan de un lugar a otro.

Imagina que te encuentras con un enunciado que dice así: «Lucía tiene el doble de cromos que su hermano Mateo, y entre los dos juntan cuarenta y cinco». Si te abalanzas sobre el número cuarenta y cinco sin mirar a los protagonistas, te perderás. En este relato corto hay dos personajes bien diferenciados, Lucía y Mateo, y una misión conjunta que consiste en averiguar cuántas piezas de cartón ilustrado posee cada uno en su colección particular.

Para aplicar este principio en tu próximo ejercicio, coge un bolígrafo de un color diferente y subraya los nombres de los protagonistas o los elementos implicados nada más terminar la primera lectura. No apuntes ninguna operación todavía; limítate a señalar quién hace qué. Al obligarte a detenerte en los nombres, tu cerebro empieza a organizar la información como si estuviera procesando una narración de aventuras en lugar de un jeroglífico indescifrable.

Traducir el vocabulario de la calle al idioma matemático

El lenguaje de los problemas tiene sus propias reglas y utiliza ciertas palabras que funcionan como señales de tráfico. A veces nos despistamos porque los enunciados emplean términos formales o giros que no solemos usar cuando charlamos con nuestros amigos en el patio del colegio. Palabras como «repartir equitativamente», «exceder», «perder de forma sucesiva» o «calcular la diferencia» esconden acciones muy concretas que ya conoces de sobra.

Piensa en una situación cotidiana muy común: vas a una papelería con tus ahorros para comprar material para la clase de plástica. El tendero te dice que cada pincel cuesta tres euros y medio, y necesitas comprar cuatro unidades, pero además tienes un cupón de descuento de dos euros para toda la compra. El texto del problema traducirá esto diciendo: «Calcula el coste total tras aplicar una bonificación fija al producto unitario multiplicado». Suena muy serio, pero solo significa que tienes que multiplicar y luego restar.

El paso aplicable consiste en hacer una pequeña lista de traducción personal al margen del cuaderno cada vez que leas un término ambiguo. Si el texto habla de «agrupar elementos iguales», escribe a su lado la palabra clave «multiplicación». Si menciona que «se rompen o se regalan», anota «resta». Al reescribir el vocabulario en tus propias palabras, eliminas el tono distante del libro de texto y lo conviertes en un mensaje que entiendes a la primera.

Separar los datos útiles del ruido de fondo

Los autores de los problemas de matemáticas adoran incluir detalles de relleno que no sirven para resolver el enigma final, exactamente igual que los directores de cine meten subtramas secundarias para despistar al espectador. Nos hablan del color de la camiseta del protagonista, de la marca de la bicicleta o de la temperatura exacta que hacía el martes por la tarde, datos que son completamente irrelevantes para llegar a la solución numérica que exige el ejercicio.

Supongamos que lees un enunciado sobre una excursión escolar: «Un autobús escolar con treinta y ocho plazas amarillas y cuatro ruedas grandes sale hacia el museo a las nueve de la mañana con veintidós alumnos de primero y quince de segundo». Si te pones a sumar el color de las plazas, el tamaño de las ruedas y la hora de salida, acabarás con un número gigante que no tiene ningún sentido lógico. Los únicos datos que importan para saber cuántos pasajeros van en el autocar son las cantidades de alumnos de cada clase.

Para desenmascarar el ruido de fondo, tacha con una línea suave y discontinua todos aquellos datos sobre colores, horas o marcas que no influyen en la operación matemática. Pregúntate: «Si esta información desapareciera del texto, ¿podría seguir resolviendo el enigma?». Si la respuesta es afirmativa, ya has encontrado el pajar y has apartado la paja que te impedía ver la aguja.

Visualizar la escena como si fuera una película

La lectura comprensiva no se limita a descifrar letras de izquierda a derecha; también exige construir imágenes mentales nítidas en nuestra imaginación. Cuando lees un libro emocionante, ves los escenarios en tu cabeza. Con los problemas de matemáticas deberías hacer exactamente lo mismo: cerrar los ojos un segundo después de leer y proyectar una pequeña película mental de lo que está sucediendo en el enunciado.

Imagina una situación típica de reparto: tienes una caja con veinticuatro porciones de pizza y vais a merendar cuatro amigos en el parque. En lugar de mirar el papel fijamente, visualiza la caja abierta sobre el banco de madera, cuenta mentalmente a las cuatro personas que estáis allí sentadas e imagínate repartiendo las porciones una a una hasta que la caja se queda completamente vacía. Esa imagen visual te dice al instante que estás ante una división, antes de escribir ningún signo de dividir.

Para poner esto en práctica, haz un dibujo rápido y esquemático en un rincón de la hoja antes de calcular nada. No hace falta que seas un artista famoso; basta con pintar palitos, círculos o cajitas que representen los objetos del texto. Ver tu propia película dibujada en el papel te ayuda a comprender la dirección de los datos: si entran, si salen, si se acumulan o si se reparten entre varios.

Ordenar las piezas según el orden de los acontecimientos

Un texto bien escrito tiene un principio, un nudo y un desenlace, y los problemas de palabras no son una excepción. Sin embargo, en muchas ocasiones el enunciado nos presenta los datos de forma desordenada, dándonos primero el final de la historia o mezclando el orden en el que ocurren las acciones. Si intentas resolver el problema tal y como te lo van soltando las frases, es muy probable que te tropieces y coloques mal las cantidades.

Considera esta situación de compras y devoluciones: «Te quedan cinco euros en el monedero después de comprar un bocadillo, sabiendo que antes tenías doce euros y que por el camino te encontraste una moneda de dos euros». El orden en el que te lo cuentan mezcla el estado final, el inicial y un suceso intermedio. Si sumas y restas a lo loco según aparece en el texto, el resultado será un auténtico desastre.

Para solucionar este embrollo, utiliza una secuencia numerada que te devuelva el control: 1. Lee el enunciado completo de principio a fin sin coger el lápiz, solo para enterarte del argumento general. 2. Identifica cuál es el punto de partida o la cantidad inicial con la que arranca la historia. 3. Coloca los acontecimientos intermedios en orden cronológico, como si estuvieras numerando las viñetas de un cómic. 4. Escribe la pregunta final bien grande al lado de los datos ordenados para no perder de vista el objetivo. 5. Realiza las operaciones paso a paso siguiendo esa línea temporal lógica y comprueba si el resultado final encaja con el sentido común de la historia.

Situación planteada en el texto Decisión lógica de lectura
Un grifo pierde agua y llena un cubo lentamente, pero alguien lo vacía a mitad de tarea. Anotar la cantidad inicial, sumar lo que entra y restar de golpe lo que se vierte.
Un ascensor sube tres plantas, baja cinco y vuelve a subir dos desde el sótano. Dibujar una línea vertical con números positivos y negativos para seguir el trayecto.
Se reparten caramelos entre varios niños, pero sobra uno que se guarda en el bolsillo. Dividir el total y dejar el sobrante fuera de las partes iguales del reparto.
Una blusa cuesta veinte euros pero tiene aplicado un descuento del veinticinco por ciento. Calcular primero la rebaja sobre el precio original antes de restar la cantidad final.

Lista breve de comprobación final

Antes de dar por bueno el resultado de tu problema y entregar la hoja de ejercicios, dedica medio minuto a pasar un último filtro de lectura crítica. Estas cuatro comprobaciones rápidas te salvarán de cometer despistes tontos:

  • ¿La respuesta tiene unidades lógicas (euros, litros, metros, alumnos) o te has olvidado de ponerlas?
  • Si lees tu solución en voz alta dentro de la frase del problema, ¿tiene sentido completo o suena absurdo?
  • ¿Has utilizado todos los datos importantes que marcaste y has ignorado el ruido de fondo?
  • ¿El número final es mayor o menor de lo que esperabas según lo que contaba la historia?

Releer un problema de palabras como si fuera un texto no es ninguna pérdida de tiempo, sino la herramienta más potente que tienes para dejar de adivinar al azar y empezar a entender de verdad lo que haces. La próxima vez que te enfrentes a uno de estos enigmas en clase, recuerda que detrás de cada número hay una pequeña historia esperando a que tú la leas con atención. Deja la calculadora a un lado durante los primeros minutos, conviértete en detective de relatos y verás cómo las matemáticas encajan por sí solas.

El recorrido de esta guía

Cuatro momentos para volver a consultar cuando lo necesites.

  1. Detectar a los personajes y su misión principal
  2. Traducir el vocabulario de la calle al idioma matemático
  3. Separar los datos útiles del ruido de fondo
  4. Visualizar la escena como si fuera una película

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