Saltar al contenido
edumaterial.netCambiar idioma

← Todos los artículos

Lectura y escritura

Transformar un esquema en un texto claro y conectado

Para estudiantes · Guía práctica · 1595 palabras

Punto de partida

Traducir los símbolos visuales en palabras con sentido

Seguro que alguna vez te ha pasado: tienes una hoja llena de flechas, palabras sueltas, llaves y conceptos clave sobre un tema que acabas de estudiar. El esquema está perfecto, resume muy bien lo importante y crees que lo entiendes a la perfección. Sin embargo, cuando te sientas delante del papel en blanco para redactar una redacción, un examen de desarrollo o un trabajo, te quedas bloqueado. Miras el esquema y miras la hoja limpia, y te das cuenta de que pasar de una red de ideas visuales a un texto ordenado, con sentido y que fluya de manera natural no es tan automático como parecía.

Ese salto entre la síntesis y la redacción es uno de los mayores retos al escribir. Un esquema funciona como el esqueleto de un edificio: sostiene la estructura, pero por sí solo no tiene paredes, ni ventanas, ni un tejado cómodo por el que caminar. El texto final es el edificio terminado. Para conseguirlo con éxito, no basta con copiar las palabras del esquema una detrás de otra añadiendo puntos y comas; hace falta conectar los puntos de modo que quien lea tu trabajo entienda la historia que hay detrás de los datos. Vamos a ver paso a paso cómo transformar ese mapa mental en una redacción clara, coherente y muy agradable de leer.

Traducir los símbolos visuales en palabras con sentido

Los esquemas están llenos de recursos visuales rápidos: flechas que apuntan hacia abajo, signos de suma, barras inclinadas, abreviaturas o palabras clave aisladas. Cuando estás pensando para ti mismo, esos símbolos funcionan de maravilla porque tu cerebro rellena los huecos de forma instantánea. Pero al redactar para otra persona, esos atajos mentales desaparecen. Tienes que explicarlos por completo, convirtiendo una relación visual en una relación explicada mediante verbos y conectores adecuados.

Imagina que estás estudiando geografía y en tu esquema tienes esto: «Clima mediterráneo → sequía estival → vegetación esclerófila». Si trasladas esto directamente a tu texto diciendo «El clima mediterráneo flecha sequía estival flecha vegetación esclerófila», el resultado carecerá de sentido gramatical y literario. En su lugar, debes buscar la acción que une esos conceptos.

Para pasar de un símbolo abstracto a una frase completa, hazte la pregunta de qué ocurre exactamente entre un concepto y el siguiente.

  1. Identifica los dos extremos de la flecha o la relación en tu esquema.
  2. Piensa en el verbo que describe la causa, la consecuencia o la pertenencia (provoca, se divide en, forma parte de, da lugar a).
  3. Escribe la frase completa probando diferentes matices hasta que suene natural.
  4. Lee la frase en voz alta para comprobar que se entiende sin mirar el esquema original.

Agrupar los bloques independientes en párrafos organizados

En un esquema, la información suele estar repartida por la página en forma de islas: arriba del todo el título, a la izquierda las causas, a la derecha las consecuencias y abajo las excepciones. Si intentas escribir una frase por cada pequeña rama del esquema de manera aislada, tu texto parecerá una lista interminable de puntos y aparte disfrazados de párrafos, lo cual resulta muy pesado de leer. Un buen texto necesita agrupar las ideas afines para formar párrafos sólidos que respiren y tengan una unidad temática clara.

Piensa en una tarde en la que estás preparando una redacción sobre la Edad Media para la clase de historia. En tu esquema tienes apuntados por un lado los castillos, por otro los caballeros y un poco más abajo las armas que utilizaban. Si escribes una frase sobre los castillos, luego otra sobre los caballeros y otra suelta sobre las espadas, la lectura dará saltos extraños. Lo correcto es juntar todo lo relacionado con la defensa y la protección militar en un mismo párrafo cohesionado.

Decidir qué información va junta y qué información debe pasar al párrafo siguiente es una de las claves de la escritura.

Situación al mirar el esquema Respuesta para organizar el texto
Tienes tres datos sueltos sobre características físicas de un animal. Agruparlos en un único párrafo dedicado exclusivamente a la descripción anatómica.
Encuentras una idea que contradice todo lo anterior («sin embargo», «excepto»). Crear un párrafo nuevo que empiece señalando el contraste o la excepción.
Hay varias causas ordenadas con números o guiones en el esquema. Redactarlas de manera corrida usando conectores de secuencia dentro del mismo bloque.
Aparece un dato secundario o una curiosidad al margen. Decidir si aporta valor a la explicación principal o si es mejor omitirlo para no saturar.

Elegir los conectores adecuados para hilar el discurso

Un esquema permite saltar visualmente de un extremo a otro de la hoja en una milésima de segundo. El lector de tu texto, en cambio, avanza de izquierda a derecha y de arriba abajo de forma lineal. Por esta razón, necesita puentes que le indiquen hacia dónde se dirige el razonamiento. Esos puentes son los conectores lógicos: palabras o pequeñas expresiones que muestran si una idea añade información, si la contradice, si es una consecuencia directa o si se trata de un ejemplo concreto.

Supongamos que estás redactando un trabajo de ciencias sobre los ecosistemas marinos. En tu esquema tienes una rama con las algas y otra rama paralela con los pequeños peces que se alimentan de ellas. Si escribes «Las algas fabrican su propio alimento. Los peces pequeños se alimentan de ellas», los datos son ciertos, pero la relación de dependencia entre ambos elementos queda desdibujada.

Para que el lector perciba cómo una idea se apoya en la anterior, debes colocar el conector justo en la bisagra de las dos frases.

  1. Revisa qué tipo de relación existe entre dos puntos consecutivos de tu esquema (causa, oposición, adición o tiempo).
  2. Selecciona un conector específico que encaje con esa relación (por lo tanto, en contraste, además, por ejemplo).
  3. Colócalo al principio de la segunda frase o tras una pausa adecuada.
  4. Comprueba que la transición suena fluida y no forzada.

Seleccionar el nivel de detalle sin perderse en los datos menores

Cuando elaboramos un esquema, tendemos a apuntar muchísimas cosas por miedo a olvidarnos de algo importante el día del examen o de la entrega. Anotamos fechas exactas, nombres secundarios, porcentajes y excepciones muy rebuscadas. Sin embargo, a la hora de redactar un texto claro, intentar volcar absolutamente todos esos microdatos convierte la redacción en un catálogo aburrido que hace que se pierda el hilo conductor principal.

Estás escribiendo un texto sobre los inventos de la Revolución Industrial basándote en tu esquema. En él figura la máquina de vapor, el año exacto de su patente, el nombre del inventor, la ciudad donde nació, el tipo de combustible que usaba y tres modelos diferentes posteriores. Si intentas meter todo eso en dos líneas, la frase se vuelve kilométricas y farragosa.

Para solucionar esto, debes aprender a distinguir entre la columna vertebral de tu información y los detalles que solo sirven para adornar o matizar.

  1. Localiza en tu esquema el concepto principal que responde a la pregunta central del tema.
  2. Decide si los datos secundarios aportan una explicación fundamental o si solo son anécdotas.
  3. Redacta la idea principal con claridad, dejando los datos muy específicos para incisos breves entre comas o paréntesis si realmente son necesarios.
  4. Suprime aquellos elementos que repiten lo mismo con otras palabras.

Revisar la redacción final para pulir la fluidez

El proceso de transformar un esquema no termina cuando has puesto puntos en todas las frases de tu borrador. De hecho, el texto recién nacido suele tener pequeñas asperezas: repeticiones de una misma palabra porque la tenías muy presente en el esquema, frases demasiado largas que te dejan sin aire al leerlas, o saltos lógicos que a ti te encajan porque recuerdas el mapa mental, pero que a un lector externo le costarán más de seguir.

Has terminado de redactar tu texto sobre el sistema solar siguiendo tu esquema y te dispones a entregarlo. Antes de hacerlo, decides leerlo en voz alta desde el principio hasta el final, tal y como lo harías si estuvieras contándoselo a un compañero de clase.

Dedica unos minutos a afinar el resultado con una lectura crítica y consciente.

  1. Lee tu texto completo en voz alta a un ritmo normal.
  2. Presta especial atención a los lugares donde notes que te trabas o donde la frase suena extraña.
  3. Sustituye las palabras repetidas (como usar «también» o «es decir» tres veces seguidas) por sinónimos o por estructuras equivalentes.
  4. Asegúrate de que el final del texto conecta de algún modo con la idea con la que empezaste, cerrando el círculo del tema.

Lista breve de comprobación

  • ¿He transformado los símbolos y flechas del esquema en explicaciones con verbos completos?
  • ¿Están los datos agrupados en párrafos lógicos según su temática y no sueltos por línea?
  • ¿He utilizado conectores adecuados para unir las ideas de manera fluida?
  • ¿He sabido filtrar los datos principales frente a los detalles excesivos o secundarios?
  • ¿He leído el texto en voz alta para comprobar que se entiende con claridad?

Pasar de un esquema a un texto claro no consiste en hacer magia, sino en traducir un lenguaje visual y abreviado a un lenguaje hablado y ordenado. Cada vez que te enfrentes a una redacción con tus notas esquemáticas al lado, recuerda que tú eres el guía que debe coger de la mano al lector para llevarle desde la primera idea hasta la conclusión de forma cómoda y sin tropiezos. Con un poco de práctica, verás que ese puente entre las ideas sueltas y el texto redactado se cruza cada vez con mayor soltura.

El recorrido de esta guía

Cuatro momentos para volver a consultar cuando lo necesites.

  1. Traducir los símbolos visuales en palabras con sentido
  2. Agrupar los bloques independientes en párrafos organizados
  3. Elegir los conectores adecuados para hilar el discurso
  4. Seleccionar el nivel de detalle sin perderse en los datos menores

← Volver a todos los artículos