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El reparto colonial de finales del siglo XIX

4.º de ESO

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La regla, en tres líneas

Entre 1870 y 1914 unas pocas potencias europeas se reparten casi toda África y buena parte de Asia. La pregunta que hay que saber contestar no es QUIÉN se llevó qué, sino POR QUÉ. Y la respuesta empieza en la fábrica. Una industria que crece necesita tres cosas: MATERIAS PRIMAS baratas —algodón, caucho, cobre, estaño—, MERCADOS donde vender lo que fabrica sin competencia, y sitios donde COLOCAR CAPITAL que en Europa ya renta poco. A eso se suman motivos que no son económicos: el PRESTIGIO —un mapa con mucho color propio hace grande a un país—, la ESTRATEGIA —puertos y carboneras en la ruta hacia Asia— y una justificación cultural, la idea de estar llevando la civilización, que hoy se estudia como lo que fue: la coartada del negocio. Para repartirse África sin pelearse entre ellas, las potencias se reúnen en la CONFERENCIA DE BERLÍN de 1884-1885, y allí trazan fronteras sobre un mapa CON REGLA, sin preguntar a nadie y a menudo sin conocer el terreno. De ahí vienen las fronteras rectas que todavía se ven hoy, y con ellas el problema que dejaron: separan pueblos que eran uno y meten en un mismo Estado a pueblos que no lo eran. España llega tarde y pequeña a ese reparto, y además pierde en 1898 Cuba, Puerto Rico y Filipinas.

El fallo típico. Explican el reparto solo por la ambición de unos países, sin relacionarlo con la necesidad de materias primas y mercados de la industria.