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Las respuestas obreras a la industrialización

4.º de ESO

Ver la teoría

La regla, en tres líneas

La industrialización crea una clase obrera que trabaja doce, catorce o más horas, sin descanso semanal garantizado, sin seguro por accidente y con niños en la fábrica. Frente a eso los obreros se organizan, y lo hacen POR ETAPAS, cada una aprendiendo de la anterior. Primero el LUDISMO: romper las máquinas a las que se culpa del paro, desde 1811. Es una reacción, no un programa, y fracasa. Después las SOCIEDADES DE SOCORROS MUTUOS: una caja común para cuando uno enferma. Ya no se rompe nada, pero tampoco se negocia. Después el SINDICATO: los obreros de un mismo oficio se unen para negociar el salario y la jornada, y aparece el arma que lo cambia todo, la HUELGA, que es dejar de trabajar todos a la vez. Y por último las INTERNACIONALES y los PARTIDOS OBREROS, que llevan la reivindicación a la ley: la Primera Internacional se funda en 1864, y en 1889 el congreso de la Segunda, en París, declara el 1 de mayo jornada de lucha en recuerdo de la huelga de Chicago de 1886. Lo que hay que entender es la CADENA: cada derecho laboral que hoy parece obvio —la jornada de ocho horas, el descanso semanal, la baja por enfermedad— tiene detrás décadas de conflicto. Las ocho horas se piden en Chicago en 1886 y no llegan a España hasta abril de 1919, después de una huelga de más de un mes en Barcelona. Treinta y tres años.

El fallo típico. Dan por hecho que la jornada de ocho horas fue una concesión, sin ver que fue el resultado de décadas de conflicto y huelga.